La Loca de los Viajes en un Road Trip por la costa Francesa
¿Habéis cogido alguna vez el coche y os habéis perdido?

Esto mismo es lo que hice el pasado fin de semana con JudithUndi y Alisdelacasa. Sólo necesitamos un coche, 3 días y muchas ganas de pasarlo bien. Destino: Francia.

Decidimos hacer un viaje las 3 al que etiquetamos con el hashtag #tritrip. Solo nos bastaron 3 días para visitar 8 destinos diferentes. El plan era sencillo, llegar hasta Montpelier pero… ¿por qué caminos íbamos a ir?

Salimos de Barcelona el sábado por la mañana y nos fuimos directas a Girona. Nuestro plan era desayunar ahí pero teníamos una misión: besar el Cul de la Lleona. Lo que viniera de más, sería genial. Se tarda aproximadamente 1:20h en llegar, la verdad es que no tuvimos caravana de operación salida ni ningún otro tipo de problema. Llegamos ahí antes de lo esperado incluso.

¿Por qué se besa el culo a la Lleona? ¿Da suerte? La placa situada en la pared de detrás dice lo siguiente: «Qui besa el cul de la lleona, retorna a Girona» (Quien besa el culo de la Leona, vuelve a Girona) y no es que dé suerte, sino que es un símbolo de peregrinaje y de querer volver. Como la Font de Canaletes de Barcelona.

Si quieres hacer un check en Girona, tienes que besar el Cul de la Lleona, y así lo hizo Alicia.

Luego desayunamos en la misma plaza, y dimos una vuelta por el casco antiguo antes de salir. Pudimos visitar la catedral donde se grabaron unas escenas de Juego de Tronos, y vimos un poco de la 63 Edición de Temps de Flors (un evento muy recomendable).

La siguiente parada era Banyoles, un pueblo a las afueras de girona famoso por su estanque: l’Estany de Banyoles, el lago más grande de Catalunya. Cuenta la leyenda que un monstruo marino habita en él. Es como el monstruo del lago Ness, pero en Banyoles.

Hablando de cosas más serias, en 1992 fue acondicionado para la celebración de las competiciones de remo de los XXV Juegos Olímpicos, es por eso que cuando vayas, puede ser que te encuentres regatistas disfrutando de un buen día al sol en el lago.

El estanque de Banyoles es sin duda un lugar a visitar y pasear por su orilla. Si te gusta caminar o pasear, tienes minutos asegurados dando la vuelta al lago. Aquí os dejo una ruta de Wikiloc por si os interesa.

Toca el turno de la siguiente parada, Cadaqués, un pueblo pesquero precioso rodeado de aguas azules. Ahí hicimos parada para comer, pero antes, paseamos por las calles, nos sentamos en una terraza delante del mar y disfrutamos de una cerveza bien fresquita. ¡Nos sentó de lujo!

Nos hubiera gustado mucho meternos en el agua y disfrutar de un baño, pero teníamos que comer y continuar con nuestro viaje.

Estuvimos un buen rato buscando dónde parar, no queríamos comer en el «típico xiringuito» que, aunque tenga vistas bonitas, te cobran mucho por una comida de 6. Decidimos adentrarnos en el pueblo y buscar la mejor opción.

Casualmente nos topamos con El Restaurante Street Food Sa Cuina y cartones, os tengo que decir que todo lo que comimos estaba ¡Buenísimo!

Es un lugar pequeño con poca capacidad pero puedes comer tanto dentro como fuera aunque está más preparado para que te lleves la comida. Nosotras comimos fuera, en unos taburetes en la terraza y escogimos humus y bravas para compartir y luego cada una se pilló un plato único. En el vídeo os enseño la pinta que tienen los platos, ¡estaba todo de rechupete! y el precio está bien, y la comida es buena de verdad. Si alguna vez vais por Cadaqués y queréis comer sano, vegano, ecológico y diferente, ya lo sabéis: C/Miquel Rosset, nº23, 17488 Cadaqués.

¡Hora de partir!

Queríamos aprovechar lo poco que quedaba de tarde y pasar la frontera. El siguiente destino era: Collioure.

Nos habían hablado tan bien de este pueblo costero, que se había convertido en una parada obligatoria. No tuvimos tiempo de mucho más que de pasear por sus calles principales hasta llegar al mirador. Eso sí, hicimos la fotografía obligatoria con la Cámara Polaroid para dejar constancia pero, ojalá en otra ocasión podamos pasear más por sus calles, la verdad es que todo lo que vimos, nos encantó.

Sobre todo la puesta de sol.

Siguiente parada… ¡Perpignan! Ahí teníamos pensado hacer noche. Como íbamos de Road Trip, decidimos ir a los hostels más baratos para gastar lo mínimo. Bien, he de decir, que en este caso y después de lo que vimos, hubiéramos gastado un poco más. El Hostel que cogimos fue el F1 Perpignan Sud. Sinceramente… lo único bueno que tenía era el parking y que había un food truck en el recinto del hostel. Ni el servicio de recepción fue bueno.

¿Cómo puede ser que seas recepcionista de un hostel y que no sepas inglés?

La mujer que nos atendió no hablaba (o no quería hablar) otro idioma que no fuera Francés. Si todo hubiera ido como tiene que ir, no me hubiera importado, pero no fue así. Así resumiendo, nos dijo que nuestra habitación tenía una fuga de agua, pero que tenía otra habitación disponible pero que olía a tabaco.

Imaginaos entender todo esto en francés, y no, mi francés solo es de: croissant, baguette y poco más.

Al final nos decantamos por la habitación de la fuga de agua (esto parecía un concurso de la tele) y dió la casualidad de que oh! no había fuga! que raro… (luego me dijeron que éste tipo de excusas se suele usar en el gremio hotelero para dejar reservadas habitaciones) qué listilla la chica que no quería hablar inglés… ¡pues no te ha funcionado!.

A parte de la barrera de idioma, todo parecía anticuado, las habitaciones pequeñas y los lavabos… lo peor. Ya sabíamos que eran compartidos, lo que no nos esperábamos que estuvieran tan sucios. Los aseos individuales cada cual peor y las duchas eran habitaciones de plástico que olían a humedad. Sinceramente… yo ahí no repetiría, suerte que solo nos alojábamos una noche.

La mañana la veíamos distinta: ¡Estábamos en Francia! y… qué hacen los franceses en Francia? Desayunar Croissant, así que eso fue lo que hicimos, ir en búsqueda de una cafetería.

Pues no te creas que fue fácil. Fuimos en un fin de semana que era festivo en casi toda Francia (sino en toda) y muchos sitios estaban cerrados o abrían tarde. Eran las 9 de la mañana y la mayoría de sitios estaban cerrados. ¡No entendíamos nada! Pero después de indagar un poco y de pasear por las calles de Perpignan, nos topamos con La Place de la République, una plaza muy grande con varios bares y restaurantes con terraza. Aunque el tiempo nos daba lluvia, hizo un sol radiante; madre naturaleza, pasa bien la info al Tiempo del móvil que ese finde no acertó ni una…!

Después del super desayuno y dar un par de vueltas más, era el momento de coger el coche y poner rumbo a Carcassone.

Desde Perpignan a Carcassone hay 2h sin pagar peaje, pero se reduce a la mitad si vas por AP; depende del tiempo que tengas quizá te vale la pena pagar un poco.

De Carcassone solo nos interesaba ver el castillo, rodeado por una muralla doble de 3 km de longitud con 52 torres fundada en la época galo-romana. Seguro que tenía que ser espectacular, y si, lo fue. Para los que no queráis dar vueltas como nosotras, tenéis que ir en dirección La Ciudadela y os llevará directos.

Hay parking de pago justo al lado, a nosotras nos costó unos 14€ por 4h. A nosotras nos valió la pena pagar.

¡Qué decir de Carcassone! A pesar de estar un poco masificado por los turistas, es un sitio que vale la pena visitar. Cuando pasas la frontera de las murallas del castillo, entras en un pueblo de otra época, con sus calles, sus restaurantes, su oficina de turismo (que os recomiendo visitar para coger un mapa), sus museos…

Os recomiendo probar la cerveza de ahí, se llama Ciutat Bierre, es una cerveza artesana que la fabrican en Carcassone. ¡Nosotras la probamos y nos gustó mucho!

Como es normal, estás dentro de la Ciudadela de Carcassone y serían tontos si no subieran los precios, está claro, pero tampoco es sangrante. Siempre puedes llevarte algún bocadillo para comer si no quieres gastarte dinero dentro.

Después de comer, volvimos al coche para ir en dirección Montpellier, pero antes, hicimos una parada en Narbonne, un pequeño municipio en el canal de la Robine. Es conocido por su zona turística costera y la categral gótica del siglo XIII.

Llegamos a una hora muy mala, a media tarde, y entre esto y que era festivo… os lo podéis imaginar: casi todo cerrado.

Tampoco teníamos pensado pasar mucho rato porque queríamos llegar pronto a Montpellier, aún así, visitamos la catedral y el claustro, pasando por sus jardines.

El claustro, aunque nos lo encontramos en obras era tan bonito que no nos pudimos resistir a hacer un par de fotos.

La noche del domingo llegamos a Montpellier, estuvimos alojadas en el Hotel Ibis Budget Sud Lattes, está bastante alejado del centro, ni siquiera tienes opción de ir a pie porque está muy alejado y en un barrio… cómo lo diría, muy desértico, por lo que nos obligaba a ir en coche a todas partes.

Las habitaciones eran espaciosas y teníamos baño propio ((y limpio!) pero no lo recomiendo por la lejanía y por el servicio de recepción (menuda suerte tuvimos 2 de 2) porque nos recomendaron sitios para cenar y todos estaban cerrados… ¿recordáis? Era festivo. Y vuelvo a preguntarme:

¿Por qué siendo recepcionista de hotel no sabes qué días son festivos en tu localidad? ¡Podrían haber avisado!

En fin, la búsqueda incansable de un sitio tradicional para tomar fondue, quedo en tomar un crêpe en medio de la plaza más turística de todo Montpellier. ¿Por qué? porque estuvimos tanto tiempo buscando lugares donde cenar que se nos hizo tarde.

Tampoco sabíamos que no es época de fondue… nos podrían haber avisado también. En fin. La crêpe que nos tomamos estaba bien, pero la camarera… cómo no, tampoco hablaba inglés y tampoco tenía cartas en inglés, por lo que tardamos una eternidad en saber qué crêpe queríamos y, ¿sabéis que? encima nos ponía mala cara porque tardábamos mucho!

¿En serio? ¿Me das una carta que me suena todo a japonés y esperas que me decida en 5 min? Venga ya….

Al final resultó que Montpellier por la mañana se ve muy distinto. Es una ciudad grande, majestuosa, con edificios muy bonitos, calles concurridas, plazas enormes… ¡Qué pena que teníamos que volver a Barcelona! Nos hubiera gustado mucho poder pasar toda la mañana, pero solo nos dio tiempo de desayunar y dar un pequeño paseo.

Ya de vuelta a casa, nos topamos con un oasis en medio de la nada así que como era la hora de comer, decidimos parar y disfrutar un poco de tantas horas de coche.

Fuimos a parar gracias a un xivatazo de una Francesa a un xiringuito de playa. Pero no cualquier xiringuito, sino el Robinson x i r i n g u i t o.

¡Menudas vistas! ¡Menudos sofás! ¡Menuda decoración! Yo ahí me quería quedar.

El lugar está muy bien acondicionado, todo de madera, como si estuvieras en un gran barco. Hasta los baños están decorados con mucho estilo.

Nos sirvieron cerveza bien fría y decidimos escoger platos para picar entre las tres: Ensalada, croquetas, pescadito, pimpientos del padrón… estaba todo buenísimo y asequible a muchos bolsillos. Con las vista directa al mar, sentadas en aquellas camas a lo chillout, lo hacían muy especial y sobre todo, muy relajante. ¿Quién quería volver? Nadie…

Pero todo lo bueno tiene que acabar y nuestro viaje termina en Barcelona, y como no, con foto finish del equipo #tritrip

La Loca de las Cajas

Leave a reply